“Ahora, pues, dad orden que cesen aquellos hombres, y no sea esa ciudad reedificada hasta que por mí sea dada nueva orden. Y mirad que no seáis negligentes en esto; ¿por qué habrá de crecer el daño en perjuicio de los reyes? Entonces, cuando la copia de la carta del rey Artajerjes fue leída delante de Rehum, y de Simsai secretario y sus compañeros, fueron apresuradamente a Jerusalén a los judíos, y les hicieron cesar con poder y violencia. Entonces cesó la obra de la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y quedó suspendida hasta el año segundo del reinado de Darío rey de Persia.” Esdras 4: 21 – 24

El contexto de este pasaje tiene que ver con los judíos que han vuelto de la cautividad a Jerusalén, con el permiso de Ciro rey de Persia, para reconstruir el templo y luego levantar los muros. En el capítulo 4 podemos ver como los enemigos de Judá y Jerusalén se levantan para evitar esa obra usando de diversas tácticas como querer asociarse con los de Judá, intimidar y atemorizar al pueblo, sobornar y por último lo que hacen es mandar una carta al rey desprestigiando al pueblo judío.

Dios nos enseña en su palabra que cuando nos movilizamos para edificar nuestra relación personal con Dios por orden del mismo Rey de Reyes y Señor de Señores, inmediatamente viene el ataque del enemigo y va a usar cualquier cantidad de tácticas para hacernos desistir de tal obra en nuestras vidas y no se descansará hasta lograrlo. En algunas ocasiones lo va a lograr. Tal vez es tu caso y te has asociado con los que no son y en este momento tu crecimiento está estancado, o te han intimidado o atemorizado o te han sobornado con las cosas de este mundo o te han desprestigiado a tal punto que tu elación con Dios se ha parado y está de esa manera por larga tiempo ya.

Los judíos se olvidaron de usar la palabra escrita, se olvidaron lo que el “rey de toda la tierra” les había dicho. Se olvidaron que fue orden del mismo rey. Si deseas protección en tu vida tienes que ir a la autoridad y esa autoridad es la palabra escrita que tenemos como norma infalible de nuestras vidas, La Biblia.

Ahora bien visto el contexto miremos la actitud de estos enemigos de Judá y Jerusalén. Este rey les manda que paren la obra y les dice que no sean negligentes en esto. La actitud de los enemigos fue “fueron apresuradamente” Me impacta el hecho de su diligencia para hacer el mal y lograron parar la obra aún con violencia.

La enseñanza tiene que ver con cuál debe ser nuestra actitud hacia la obra encomendada. Estos enemigos estaban decididos a una cosa: parar la obra. Pusieron todo lo que estaba a su alcance para lograrlo y cuando tenían el beneplácito del rey lo hicieron diligencia. Recuerden lo que 2 de Timoteo 3:15 nos dice: “Procura con DILIGENCIA presentarte a Dios aprobado como obrero que no tiene de que avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” Estos enemigos de Dios y de su pueblo nos muestran cual debe ser nuestra actitud hacia las órdenes del Rey. Ve apresuradamente a cumplirlas, por es él quien te manda.

Esta pregunta que el rey hace debe hacernos meditar “¿por qué habrá de crecer el daño en perjuicio de los reyes?”
Cuando no hacemos las cosas de manera diligente lo que hacemos es crecer el daño en perjuicio de la voluntad de Dios. Estos enemigos nos dan una lección de vida increíble.

¿Cómo les parece un edificio sin terminar? Y más cuando son años lo que lleva sin terminar. Y qué tal si es por negligencia. ¿Este edificio refleja lo que es tu vida espiritual? Estancada, sin terminar, sin ser útil, triste, feo a la vista etc. Aprendamos de los enemigos de Judá y Jerusalén y seamos diligentes.

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“Ahora, pues, dad orden que cesen aquellos hombres, y no sea esa ciudad reedificada hasta que por mí sea dada nueva orden. Y mirad que no seáis negligentes en esto; ¿por qué habrá de crecer el daño en perjuicio de los reyes? Entonces, cuando la copia de la carta del rey Artajerjes fue leída delante de Rehum, y de Simsai secretario y sus compañeros, fueron apresuradamente a Jerusalén a los judíos, y les hicieron cesar con poder y violencia. Entonces cesó la obra de la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y quedó suspendida hasta el año segundo del reinado de Darío rey de Persia.” Esdras 4: 21 – 24

El contexto de este pasaje tiene que ver con los judíos que han vuelto de la cautividad a Jerusalén, con el permiso de Ciro rey de Persia, para reconstruir el templo y luego levantar los muros. En el capítulo 4 podemos ver como los enemigos de Judá y Jerusalén se levantan para evitar esa obra usando de diversas tácticas como querer asociarse con los de Judá, intimidar y atemorizar al pueblo, sobornar y por último lo que hacen es mandar una carta al rey desprestigiando al pueblo judío.

Dios nos enseña en su palabra que cuando nos movilizamos para edificar nuestra relación personal con Dios por orden del mismo Rey de Reyes y Señor de Señores, inmediatamente viene el ataque del enemigo y va a usar cualquier cantidad de tácticas para hacernos desistir de tal obra en nuestras vidas y no se descansará hasta lograrlo. En algunas ocasiones lo va a lograr. Tal vez es tu caso y te has asociado con los que no son y en este momento tu crecimiento está estancado, o te han intimidado o atemorizado o te han sobornado con las cosas de este mundo o te han desprestigiado a tal punto que tu elación con Dios se ha parado y está de esa manera por larga tiempo ya.

Los judíos se olvidaron de usar la palabra escrita, se olvidaron lo que el “rey de toda la tierra” les había dicho. Se olvidaron que fue orden del mismo rey. Si deseas protección en tu vida tienes que ir a la autoridad y esa autoridad es la palabra escrita que tenemos como norma infalible de nuestras vidas, La Biblia.

Ahora bien visto el contexto miremos la actitud de estos enemigos de Judá y Jerusalén. Este rey les manda que paren la obra y les dice que no sean negligentes en esto. La actitud de los enemigos fue “fueron apresuradamente” Me impacta el hecho de su diligencia para hacer el mal y lograron parar la obra aún con violencia.

La enseñanza tiene que ver con cuál debe ser nuestra actitud hacia la obra encomendada. Estos enemigos estaban decididos a una cosa: parar la obra. Pusieron todo lo que estaba a su alcance para lograrlo y cuando tenían el beneplácito del rey lo hicieron diligencia. Recuerden lo que 2 de Timoteo 3:15 nos dice: “Procura con DILIGENCIA presentarte a Dios aprobado como obrero que no tiene de que avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” Estos enemigos de Dios y de su pueblo nos muestran cual debe ser nuestra actitud hacia las órdenes del Rey. Ve apresuradamente a cumplirlas, por es él quien te manda.

Esta pregunta que el rey hace debe hacernos meditar “¿por qué habrá de crecer el daño en perjuicio de los reyes?”
Cuando no hacemos las cosas de manera diligente lo que hacemos es crecer el daño en perjuicio de la voluntad de Dios. Estos enemigos nos dan una lección de vida increíble.

¿Cómo les parece un edificio sin terminar? Y más cuando son años lo que lleva sin terminar. Y qué tal si es por negligencia. ¿Este edificio refleja lo que es tu vida espiritual? Estancada, sin terminar, sin ser útil, triste, feo a la vista etc. Aprendamos de los enemigos de Judá y Jerusalén y seamos diligentes.

“Y durmió Ezequías con sus padres, y lo sepultaron en el lugar más prominente de los sepulcros de los hijos de David, honrándole en su muerte todo Judá y toda Jerusalén; y reinó en su lugar Manasés su hijo.” 2 de Crónicas 32:33.

Cada vez que vemos a este rey, tenemos mucho que aprender. Este rey fue un buen rey delante de Dios. Tuvo ataques del enemigo pero confió en Dios y él le libró y le dio la victoria frente a Senaquerib, rey de los asirios. Pasó por momentos difíciles en cuanto a su parte física, pues dice la Biblia, que se enfermó de muerte. Ezequías ora a Dios y él le da quince años más de vida.

Sin embargo podemos ver en el verso 25 algo que nos sucede a todos en un momento dado de nuestras vidas. “Más Ezequías no correspondió al bien que le había sido hecho, sino que se enalteció su corazón, y vino la ira contra él, contra Judá y contra Jerusalén.” Llegamos a creernos tanto y a pensar que todo lo merecemos y lo único que merecemos es un infierno eterno, y no vemos lo bueno que Dios es con nosotros.

Pero la actitud de Ezequías fue la correcta, pues en el verso 26 dice “Pero Ezequías, después de haberse enaltecido su corazón, se humilló, él y los moradores de Jerusalén; y no vino sobre ellos la ira de Jehová ene los días de Ezequías.”

¿Cómo hubiera sido la sepultura de Ezequías si él no se hubiera humillado? No sería lo mismo, el versículo no diría lo mismo. De pronto diría algo diferente y muy parecido a lo que pasó con algunos reyes de Judá quienes ni siquiera fueron sepultados en Jerusalén en el sepulcro de sus padres. ¿Qué diría nuestra lápida? Ojala que no diga lo que esta lápida dice, ja ja ja.

¿Cuánto impacto tendría nuestra muerte? ¿Qué legado tendríamos? ¿Sería más bien un descanso para los demás? O ¿sería una pérdida tremenda? Ezequías era como uno de nosotros, tenía sus debilidades, pero quería agradar a Dios. SU corazón fue el correcto y se “agarró” a la palabra de Dios e hizo conforme a ella. Corrigió su corazón bien rápido cuando se desvió de los caminos de Dios y eso marcó una diferencia.

Asegúrate de mantener humillado tu corazón pues es lo que Dios ve, nuestro diario andar cambiará eso será seguro, pero si mantenemos nuestro corazón enaltecido delante de Dios, y no lo corregimos rápidamente la disciplina de Dios viene seguramente.

Nota este último pasaje: “Mas en lo referente a los mensajeros de Babilonia, que enviaron a él para saber del prodigio que había acontecido en el país, Dios lo dejó, para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón” Dios permitirá algunas cosas para probar y conocer todo lo que está en tu corazón. ¿Qué encontrará Dios ahí? Ojalá encuentre un corazón humillado, ojala encuentre un amor sincero hacia Dios, ojala encuentre un lugar donde él puede trabajar para el benefició del pueblo de Dios. “Colombia para Cristo” será más fácil con corazones humillados y dóciles al Señor.

 


“Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a las puertas de la casa de Eliseo. Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio. Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra.” 2 de Reyes 5: 9 -11

Esta historia es bien conocida por todos nosotros. Este Naamán es el general del ejército del Rey de Siria y tiene lepra. Recordemos que la lepra es tipo del pecado, que carcome nuestra vida y nos hace inmundos delante de Dios y delante de los demás. Esta historia es tipo de la salvación que recibimos en Cristo por la palabra de Dios. Naamán finalmente dejó su orgullo y se sometió a la palabra de Dios y quedó limpio de su lepra. Naamán hace luego un compromiso con Dios de adorarle y sacrificarle a él para siempre. Es lo que debemos hacer como creyentes salvos por gracia por medio de la fe, es hacer un pacto eterno con Dios de no adorar a dioses ajenos sino solamente a Jehová, a Dios porque no hay Dios fuera de él y a servirle y sacrificar nuestras vidas a él para siempre por causa de su obra redentora. Es lo que habla Romanos 12:1 – 2, por sus misericordias es que presentamos nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable a él que es nuestro culto racional.

Pero consideremos esta historia de otra manera también. Fijémonos en Eliseo y en su forma de tratar con Naamán. Eliseo es ese hombre de Dios y según 1 de Timoteo 3:16 – 17 el creyente es llamado “hombre de Dios” y el deseo de Dios es perfeccionarnos a través de su palabra. Naamán es tipo de pecado que está a la puerta de nuestra vida. ¿Cómo tratar con el pecado que está a la puerta de nuestra vida? Muy sencillo en realidad, por la palabra de Dios. Consideremos tres aspectos:

  1. Génesis 4:7 “Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.”
    Esta frase en génesis me impactó, pues en 2 de Reyes Naamán, lleno de lepra está a la puerta de la casa de Eliseo. Me llama la atención que Eliseo no lo hace seguir y tampoco sale a recibirlo. No hace concesiones con el pecado. Nuestra actitud ante el pecado que está a la puerta debe ser la misma, no darle ni siquiera un tris de importancia, sino tratarla como debe ser, bíblicamente.

     

  2. Eliseo manda a Naamán a lavarse 7 veces en el Jordán. El hace lo que le mandó Eliseo. Obedece al mandato del hombre de Dios. El hombre de Dios no tiene en si mismo la salida, sino que el poder para tratar el pecado es el Jordán, la palabra de Dios. Noten este versículo: Salmo 12:6 “Las palabras de Jehová son palabras limpias, Como plata refinada en horno de tierra, Purificada siete veces.”
    Zambullirnos en la palabra pura de la palabra de Dios, Son las palabras de Dios son limpian y por eso nos pueden limpiar. Debemos reconocer que su palabra es pura y que nuestra actitud debe ser la sumergirnos más y más en ella. La clave es tratarla con la palabra de Dios. Pero debe ser la decisión de cada uno de nosotros, tratar el pecado que está a la puerta con la palabra de Dios.

     

  3. Efesios 5: 25 – 27 dice “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.”
    Cristo en nosotros quiere mantener nuestra vida limpia de pecado. ¿Que usa Cristo para mantenernos limpios? Que interesante que Dios usa el verbo lavar en este contexto como en el contexto de Naamán. El lavamiento del agua por la palabra. Entra en escena la obra del Espíritu Santo usando la palabra de Dios. Recordemos Efesios 6: 17 “y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios“. La forma de tratar con el pecado es a través de permitir que el Espíritu Santo tome la palabra de Dios y la aplique en nosotros.

     

En conclusión, debemos entender que Somos nosotros los que tomamos decisiones importantes a la hora de tratar con el pecado.

  • El pecado está a la puerta, no hagas concesiones, ni tengas tratos especiales con el pecado.
  • Debemos tratarlo con la palabra de Dios, No tratar de hacerlo nosotros mismos.
  • Confiar en la Palabra de Dios que es pura y eficaz al tratar con el pecado.
  • Deje al control del Espíritu Santo su vida, cuando eso pasa, el Espíritu usará la palabra de Dios como espada para mantenerlo limpio de pecado.
  • Obedezca a lo que el Espíritu Santo le ordena a través de la palabra de Dios.

     

Una de las cosas que hay que reconocer es que siempre como creyentes, siempre estaremos luchando con la carne, el mundo y el diablo, es una realidad que debemos reconocer. Lo vemos en los grandes héroes de la fe también.

En el libro de 1 de Reyes 6 y 7 vemos lo que era para Salomón importante. En el capítulo 6 podemos ver la construcción de la casa de Dios 1Reyes 6:1 “En el año cuatrocientos ochenta después que los hijos de Israel salieron de Egipto, el cuarto año del principio del reino de Salomón sobre Israel, en el mes de Zif, que es el mes segundo, comenzó él a edificar la casa de Jehová

Por leer el capítulo 6, nos podemos fijar en muchas cosas y en muchas enseñanzas también que Dios nos podría dar al respecto, pero nos podemos dar cuenta que era una obra grandiosa, esplendida, perfecta, digna del Rey de reyes y Señor de señores. No había obra más grande y preciosa en todo el reino, se destaca Dios y no el hombre, todos los esfuerzos, el trabajo en equipo, el propósito de la gente, el enfoque era Dios y su obra. No había un propósito más grande en esos siete años que la obra del Señor, que edificar casa para él. Una aplicación: Tenemos 6 años o menos para “Colombia para Cristo” ¿Cuál es nuestro enfoque? Ojala que tengamos el mismo enfoque del rey Salomón, la obra del ministerio para honrar y glorificar a Dios en el universo entero. No era una obra a medias, no era mediocre, era un trabajo excelente, digno del rey. La edificación del cuerpo de Cristo debe ser nuestra prioridad. La excelencia se debe notar, y quien se debe llevar la gloria es Dios.

Ahora bien, leyendo el capítulo 7 podemos ver un contraste bien grande. Quién se destaca es Salomón y su casa. Es increíble lo que podemos ver aquí. El verso uno nos dice mucho: 1 Reyes 7:1Después edificó Salomón su propia casa en trece años, y la terminó toda”. Salomón hizo la casa de Dios en 7 años, y su casa en 13 años. Cuando creemos que hemos terminado la obra y nos enfocamos en nosotros mismos y en nuestras cositas terminamos en rebeldía hacia el Señor. El enfoque cambia, ya no es Dios, somos nosotros, dejamos de ver lo eterno para enfocarnos en lo terrenal y temporal. ¿Qué hace que eso suceda? Es una pregunta que debemos hacernos. En 1 de Reyes 7: 8 “Y la casa en que él moraba, en otro atrio dentro del pórtico, era de obra semejante a ésta. Edificó también Salomón para la hija de Faraón, que había tomado por mujer, una casa de hechura semejante a la del pórtico”. Salomón tenía una relación con una hija del Faraón, rey de Egipto. Egipto como sabemos es tipo del mundo y es tipo de cómo hacemos provisión para la carne y resultamos edificando para el mundo.

Ahora bien, ¿quién podría decir que Salomón no era un hombre de Dios? Nadie podría negar ese hecho pero a la vez es un hombre con debilidades que no dejó a Dios y fue lo que después lo desvió y fue una de las causas que el reino también se desviara.

Comparando el capítulo 6 y el capítulo 7 vemos la grandeza y la gloria que la obra de Dios merece y la vanagloria del hombre que quiere destacarse pero que lleva a ningún lado. Mantengámonos enfocados en lo que es, la obra de Dios para gloria suya y no en nuestras cositas. Dios dará lo que necesitamos, Dios estará en lo que hagamos, Su obra será magnifica y él glorificado. No pretendamos llevarnos ni siquiera un tris de su gloria, porque sabemos todos nosotros que lo único que merecemos es un infierno eterno.

La responsabilidad el ministerio del Discipulado es la de ser parte activa de la visión que Dios nos ha dado como iglesia “La Biblia Dice…” en Colombia. Esta visión dice asi: “Existimos para glorificar a Dios al ser una fábrica de obreros al perfeccionar a los santos y fieles, para comisionar a los obreros a las naciones del mundo y movilizarnnos para el avance del reino de Dios”

Como ministerio tenemos las responsabilidad de perfeccionar a los santos y fieles bajo la estructura de la iglesia local. Este perfeccionamiento se logra a través del ministerio del Discipulado. Cada creyente que es fiel debe pasar por este proceso si desea ser parte de la Misión que tenemos  “Colombia para Cristo”.

Este proceso por el cual debe pasar cada creyente, para conformarse a la imagen de nuestro Señor Jesucristo  lo podemos resumir en tres palabras: Santidad, Servicio y Sacrificio.

Estas tres palabras además, involucran los siete niveles  y los cuatro objetivos del discipulado.